Maniac es hoy la serie más controversial del momento. La mitad del mundo la ama y la otra mitad la odia. Unos dicen que no pasan del segundo capítulo, otros dicen que es un nuevo acierto de ciencia ficción del director Cary Fukunaga. Busque en twitter o en internet; por cada buen comentario sobre la historia, de bajo le sigue uno malo ¿De qué depende de que esta serie sea de su gusto o total desagrado? Del tipo de persona que es usted.

La mini-serie (son diez capítulos, de promedio treinta minutos cada uno) no viene a inventar la rueda. No. No se quiere esmerar en crear una super historia, con abismantes giros dramáticos y tirar sobre las cuerdas a sus protagonistas cada cinco minutos. No. El relato se va tomar su tiempo, hasta quizás los tres primeros capítulos, periodo en que va a armar con solidez el origen de sus personajes principales. El primero en aparecer es Owen Milgrim, interpretado por un consolidado Jonah Hill, un joven de familia acaudalada, aquejado por un cuadro de esquizofrenia, que lucha contra los espejos y reflejos de su mente y contra la sobreprotección de sus padres. Divagando por la vida, se va a encontrar con Annie Landsberg, interpretada por la increíble Emma Stone, una joven perdida, que intenta sobrevivir día a día, envuelta en una pena que la aferra a la oscuridad. Ambos llegarán al laboratorio Neberdine Pharmaceutical y Biotech, por distintos e hilarantes motivos, para someterse a una prueba más irrisoria aún: un cóctel de pastillas promete curar cualquier afección psíquica negativa. Ya sea traumas, momentos dolorosos, lo que sea. Cualquier cosa. Sin efectos secundarios. Totalmente efectivo.

Maniac abre un mundo en un futuro distópico, basado en diseños de toques ochenteros, con computadoras gigantes, de tosco aspecto, botones grandes y luminosos, con robots torpes y extrañas empresas, como la de comprar amigos. En contexto el ambiente, la fotografía de la serie se muestra con una exquisitez fantástica, aprovechando colores pastel para quitarle monotonía a la atmósfera de un laboratorio claustrofóbico y para expandir los espacios del mismo. Sin lugar a dudas, un diseño cuidado por parte de la producción.

El director se preocupó de armar una historia que no tuviera extras participando en las escenas. Cada personaje es construido y personificado para aportar e impregnar realismo a esta suerte de sueño traspuesto. De ahí en más, Jonah y Emma se encargan de contarnos un cuento de personas que han sido golpeadas por situaciones traumantes, que desesperadas por apagar el dolor y el sufrimiento, se enfrentan a un intento de crear una utopía médica. Van a avanzar por los pasillos de su mente, como ratones de laboratorio, enfrentando los terrores que habitan en ella, corriendo el riesgo de no poder volver.

Los tiempos son lentos. Sí, lo admito. En lo personal me gustan los tiempos lentos. A una porción de la población no, y está bien. Aquí no hay acción, hay ciencia ficción. No hay tantas respuestas, la historia le va a dejar más preguntas. Es más una invitación a explorar, a explorarse y entender que la cura a las heridas sólo las tiene usted.
Disponible en el catalogo de Netflix.