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RESEÑA | “El Drama: La honestidad como detonante”

The Drama explora cómo decirlo todo puede ser más peligroso que ocultarlo, en una sátira romántica tan turbia como hipnótica.

🎬 The Drama (2026), de Kristoffer Borgli

En The Drama, Kristoffer Borgli vuelve a instalarse en ese terreno donde lo cotidiano se deforma hasta volverse inquietante. La película sigue a una pareja —interpretada por Zendaya y Robert Pattinson— que, a días de casarse, decide confesarse sus secretos más oscuros. Lo que comienza como un gesto de honestidad pronto se transforma en un juego emocional cada vez más desestabilizador.

Más que una historia romántica, la película funciona como una sátira psicológica que pone a prueba los límites del amor, la validación y la identidad dentro de una relación. Borgli construye un relato que avanza con precisión: cada escena busca un quiebre, un remate, un momento que alivie la tensión o la empuje un poco más allá. Esa lógica convierte al guion en su principal motor, capaz de transitar entre lo incómodo y lo irónicamente divertido sin perder coherencia.

The Drama muta constantemente. Parte desde una fantasía casi idealizada y se va descomponiendo hasta transformarse en una pesadilla afectiva. En ese tránsito, lo que domina no es solo la incomodidad, sino una sensación de extrañeza persistente, de tensión que crece y rara vez se libera por completo. Es un drama del que no quieres ser parte… pero que resulta imposible dejar de observar.

Y funciona porque entiende muy bien su propósito: entretener mientras provoca, hacerte reír mientras te enfrenta a preguntas incómodas. La película plantea conflictos, los lleva al límite y los remata con una lucidez que transforma incluso los momentos más oscuros en algo extrañamente disfrutable. Su montaje ágil potencia esta sensación de escalada constante, haciendo que la experiencia nunca pierda ritmo y se sienta especialmente cercana para esta generación.

En lo personal, es una película que juega contigo. Te instala en un lugar incómodo, pero también profundamente atractivo. Hay algo en su crudeza que permite conectar con los cuestionamientos, con las crisis y con esa intensidad emocional que crece sin freno. Y en medio de todo eso, logra emocionar con una historia de amor tan profunda como los secretos que la sostienen.

Comparada con Sick of Myself, esta se siente más accesible en sus temas —la pareja, el compromiso, el miedo a mostrarse tal cual uno es—, pero mantiene intacto el sello provocador de Borgli. A través de situaciones límite y una mirada ácida, la película también funciona como una crítica a la cultura estadounidense, casi como una burla a toda la parafernalia que rodea las relaciones modernas.

El elenco, acotado pero preciso, sostiene el peso emocional con interpretaciones que transitan con naturalidad entre lo absurdo y lo devastador. Cada gesto, cada silencio, suma a esta sensación de inestabilidad que atraviesa toda la película.

The Drama es, en el fondo, una historia tan bella como turbia. Una que sugiere que, a veces, lo más desafiante no es el matrimonio… sino todo lo que decidimos revelar antes de llegar a él.

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